Durante esta santa época de Adviento, mientras nos preparamos para el nacimiento de nuestro Salvador, nuestro Señor Jesucristo, lo hacemos con tristeza al enfrentar la inimaginable pérdida de vida ocurrida este fin de semana en Brown University y en un Centro Comunitario Judío en Australia. Viajemos con nuestros hermanos y hermanas compartiendo con ellos el duelo de la pérdida de 17 preciosas vidas y apoyando a aquellos que ahora enfrentan el largo camino de la recuperación de sus heridas.
Cada vida perdida tenía un propósito sagrado para sus familias, sus comunidades, y para toda la humanidad. Recordemos que ningún acto de violencia puede borrar la dignidad de cada individuo jamás; el duelo nos recuerda qué tan profundamente conectados estamos y qué frágil es el don de la vida verdaderamente.
Que las almas de los difuntos descansen en paz, y que nosotros, los vivos, honremos su memoria al escoger la empatía sobre el odio y la unidad sobre la división. En nuestro duelo compartido, volteemos hacia el Dios de la Paz invitándolo a nuestros corazones para que estos actos de violencia terminen.